SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA 2014

8 dic. 2014



Éste dogma de la Inmaculada Concepción (año 1854) junto al de la Asunción (año 1950), son de los últimos que ha proclamado solemnemente el Magisterio de la Iglesia, en lo que ha María Santísima se refiere. Ellos son conclusión lógica del primero de todos, el de María Madre de Dios proclamado en Éfeso (año 431), al que lo sigue el de su Virginidad antes, durante y después del parto (año 649). 
Todos ellos son frutos de la meditación y reflexión acerca del misterio del Verbo Encarnado, nuestro Señor Jesucristo; cuando se ama a alguien se quiere conocerlo y saber todo de el Amado, eso hace el teólogo… porque ama a Cristo quiere conocerlo y en ese conocerlo descubre la inteligibilidad del plan divino de salvación.
Acabamos de proclamar el texto lucano de la Anunciación o Encarnación; depende desde donde lo miramos, si desde María o desde Cristo. A partir de éste texto, de su meditación, extraemos cinco rasgos de María santísima.

1. La virginidad de María. La cual es necesaria al plan de salvación para que quede de manifiesto que el que habría de nacer de ella era absoluto don de Dios. La virginidad de María es la celebración de la esa libérrima y absoluta acción divina de ingresar en nuestra historia, en nuestra carne, en nuestra sangre; en ser uno de nosotros, en ser nuestro hermano. 

2.  Esposa. Implica “ser con otro”, no vivir desde el “yo” sino desde el “nosotros”… antídoto contra el egoísmo y la autor referencialidad.

3. Ella es “la llena de gracia”. Es receptora de una acción divina que la hace ser templo de Dios cubierto con la sombra del Altísimo. Expresión usada en el AT para señalar que la presencia de Dios, su gloria, moraba en el Templo de Jerusalén.

4. Madre del Hijo del Altísimo. En María, llena de gracia y preservada de todo pecado, se realiza la epifanía perfecta de Dios en medio de los hombres; lo divino se une a lo humano, lo infinito entra en lo finito, la eternidad se entrelaza con el tiempo….

5. Ella es la “Sierva del Señor”. Es una expresión de fuertes resonancias en el AT a lo largo del cual personajes que han tenida un papel decisivo en la historia de Israel reciben el epíteto de “siervo del Señor”. A partir de su pequeñez Dios quiere hacer algo grande, no para ella sino para el bien de su pueblo con el que ha sellado una alianza eterna e inquebrantable.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen Gentium punto Nº 65 enseña:
Mientas la
Iglesia ha alcanzado en la Santísima Virgen la perfección, en virtud de la cual
no tiene mancha ni arruga (cf. Ef
5, 27), los fieles luchan todavía por crecer en santidad, venciendo enteramente
al pecado, y por eso levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de
virtudes para toda la comunidad de los elegidos. La Iglesia, meditando
piadosamente sobre ella y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena
de reverencia, entra más a fondo en el soberano misterio de la encarnación y se
asemeja cada día más a su Esposo. Pues María, que por su íntima participación
en la historia de la salvación reúne en sí y refleja en cierto modo las
supremas verdades de la fe, cuando es anunciada y venerada, atrae a los
creyentes a su Hijo, a su sacrificio y al amor del Padre. La Iglesia, a su vez,
glorificando a Cristo, se hace más semejante a su excelso Modelo, progresando
continuamente en la fe, en la esperanza y en la caridad y buscando y
obedeciendo en todo la voluntad divina…
Por lo tanto de ésta meditación hemos de sacar conclusiones concretas para nuestra vida. Como cinco son los rasgos de María que hemos descripto, del mismo modo por cada uno de ellos hay una enseñanza para nosotros:

1. Total gratuidad de la donación de Dios a la humanidad en la Encarnación.

2. El ser humano es “con otro”…

3. La gracia hace de nosotros lo que somos: templos del Altísimo.

4. Dios se hace uno de nosotros, mi compañero de camino…

5. Dios se vale de los que se hacen pequeños para hacer grandes cosas para el bien de todos.



P.Carlos Alberto Merlo Masino

 Párroco.












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