HOMILIA DEL JUEVES SANTO 2014, POR EL PADRE CARLOS MERLO

17 abr. 2014

JUEVES SANTO 2014
EL PADRE CARLOS ALBERTO  MERLO
"MISSA IN CENA DOMINI"

"Somos y crecemos en la medida q amamos. Y amar significa: compartir, servir, entregarse. Éste es un camino q nunca acabamos de recorrer."

Hace un tiempo leí ésta frase, la cual de algún modo expresa la profundidad de lo que celebramos durante el santísimo triduo pascual; y de un modo especial en ésta noche en que hacemos memoria del mandamiento del amor entregado por el Señor como legado durante la Ultima Cena. El cual se expresa en el servicio, y en la Eucaristía, y al servicio de ésta ultima también el sacerdocio.


A Dios lo conocemos a través de la experiencia del amor, en tanto nos dejemos amar por Él y correspondamos a ese amor. Es entonces cuando se establece ese vínculo entre el ser humano y Dios del cual brota de manera auténtica el servicio, la entrega alegre; de otro modo será mera disciplina de vida, conductas aprendidas, pero no expresión del amor.
El amor necesita ser correspondido, sino es una de las experiencias mas frustrantes de la que difícilmente pueda salir airoso quien ama; mas bien saldrá con el corazón hecho jirones. Por eso es que considero que, en su dimensión existencial, el mandato del amor tiene como contrapartida la obligación de dejarse amar. Amar y dejarse amar son como el anverso y reverso de una misma moneda.
¿Nos dejamos amar por Dios, por las personas que tenemos cerca…? ¿Cómo correspondemos al amor?... ¿Con amor o con crueldad? Y, porque el amor es un camino que nunca acabamos de recorrer, es bueno cada tanto detenernos y repasar como nos ama Dios y el modo en que le correspondemos. Y de paso mirar como andamos en nuestros vínculos y manera de relacionarnos en tanto y en cuanto nos dejamos iluminar por la Palabra de Dios
SERVICIO: nuestro servicio brota del amor o del interés. Y, ante quien nos brinda un servicio: lo vivimos como una experiencia de sentirnos amados gratuitamente; o como criaturas caprichosas reclamamos toda la atención y que se nos dé todos los gustos… Pensemos en cómo vivimos la experiencia de los distintos servicios en el área de la salud, la educación, o de la misma vida parroquial; pensemos en como nos relacionamos y lo que exigimos de los catequistas, agentes de caritas, ministros extraordinarios de la Sagrada Comunión, miembros del consejo de asuntos económicos, etc. ¡¿Por qué somos tan crueles?!
EUCARISTÍA: como correspondemos a la máxima expresión del amor, la entrega de la propia vida que el Señor realizó por nosotros y renueva diariamente sobre el altar… Valoramos su permanencia silenciosa en el Sagrario esperándonos, ocupa la participación en la Santa Misa el corazón del fin de semana, pudiendo hacerlo participamos de la Misa diaria… ¡La indiferencia es una de las formas mas crueles de no dejarse amar!
SACERDOCIO: hemos de diferenciar entre el ministerio sacerdotal de Jesucristo, único sumo y eterno sacerdote, y el hombre sobre el que se asienta ese ministerio. Pensemos mas allá del nombre y el rostro que tenga el sacerdote que tenemos delante. ¿Cómo lo vemos? Como una especie de supervisor o jefe al que hay que mantener mas o menos contento para sacar algún provecho suyo. O reconocemos que es un hombre frágil, débil, que ríe y que llora, sobre el cual se ha depositado un ministerio que es uno de los mas hermosos edificios que ha construido Dios. El cual se asienta sobre los cimientos de una humanidad frágil que muchas veces cede y hace que ese edificio tiemble o se tambalee; que por eso ese hombre frágil necesita en quienes apoyarse para seguir amando, para seguir sirviendo, para seguir dándose… ¡¿Por qué somos tan crueles?!
Una de las cosas que mas nos nublan el corazón a la hora de hacer ésta experiencia de amar y dejarnos amar, son los juicios, aún mas: los prejuicios… Esos mismos prejuicios que impidieron a buena parte de los contemporáneos de Jesucristo no reconocerlo, y por lo tanto no dejarse amar por Él. Prontamente juzgamos: está bien, está mal; cumple o no cumple…
¡Ojo con la moral del cumplimiento! Porque esa es una moral de esclavos y no de hombres libres, y nuestra libertad le ha costado caro a Dios, le ha costado la sangre preciosísima de su único Hijo. Que esa sangre derramada por nosotros no haya sido en vano…