El Domingo de Pascua cierra celebración de Semana Santa 2014

20 abr. 2014


¡Resucitó, resucitó, resucitó, Jesús resucitó...! Es el cántico que se entonaron en la vigilia pascual que se celebró el sábado a la anoche en la parroquia para festejar el paso de la muerte a la vida. 
Los cristianos de todo el mundo celebraron el Domingo de Pascua, que es la culminación del ciclo de Jesucristo en la tierra y que conmemora su resurrección después de su tormentosa pasión y muerte en la cruz del calvario.
En Coronel Du Graty, se celebro frente a la Parroquia por la inmensa cantidad de fieles que se acercaron a la localidad de distintas ciudades vecinas que además fue el tercer domingo del mes.
Dijo el Padre Carlos Merlo en su homilía en referencia del DOMINGO DE PASCUA  - CICLO “A” “Cuantas veces experimentamos que nuestras vidas son un calvario, parece que hubiéramos nacido para sufrir, nos sentimos agobiados, afligidos; como si nuestras vidas fueran un eterno viernes santo. Sufrimientos en la familia, en la propia salud, en el trabajo, en el ámbito de los vínculos sociales… Cuantas veces nos preguntamos “¿Por qué a mí?”, “¿Qué hice yo para merecer esto?”, “¡A mi siempre me toca bailar con la mas fea!”, “¡Mi vida es una tragedia!”…. Y cuantas otras expresiones similares…

Y así el derrotismo se nos va metiendo en la vida, y vivimos en un clima de negatividad, que nos lleva hasta a rodearnos de gente pesimista, “los músicos se juntan por la tonada” dice un refrán…. Permanentemente tenemos ante nuestra mirada los recuerdos feos del pasado, y alimentamos la certeza de que todo será malo en nuestra vida; por ejemplo nos duele la cabeza y ya sospechamos de un tumor cerebral…
Es cierto que en la vida hay un montón de cosas dolorosas, no tenemos que ser ingenuos ni ilusos; pero tampoco hemos de caer en la trampa del pesimismo, del cual muchas veces el demonio se vale para arrastrarnos a un espiral de desesperación… Termina siendo como si nos pusieran unos anteojos por los cuales vemos todo negro, y hasta las cosas de Dios se tiñen de ese color. Por ejemplo nos desgañitamos llorando ante la Cruz del Señor, o viendo una película que recrea su pasión, pero nos quedamos ahí; somos incapaces de descubrir que ella es testimonio del amor, que es un medio y no un fin, que la última palabra la tiene el triunfo de la vida.
 Vemos mucha gente el Viernes Santo participando del Vía Crucis pero ni el 50 % de esas personas en la celebración de la Vigilia Pascual, no puedo dejar de preguntarme año a año: ¿será que preferimos un Dios muerto a un Dios vivo?¿será porque al estar muerto molesta menos, se queda donde lo colocamos?
La vida es dura, pero la última palabra no la tiene el dolor sino el amor, y el amor engendra vida; y en el caso del amor de Dios engendra una vida sobrenatural que ni la muerte puede ahogar… En el fondo se trata de una cuestión de fe… La misma tumba vacía que se encontraron las mujeres y los apóstoles para el pesimista sería señal de que se robaron el cuerpo y para el que tiene fe es signo de que el Señor resucitó…
Nuestra fe es débil, es cierto, y muchas veces ni ante la evidencia nos convencemos. Les pasó a los apóstoles, Jesús resucitado se les apareció 50 días después de la pascua ¡lo veían!¡metían el dedo en sus llagas! Y aún así dudaban… necesitaron la fuerza que viene de lo alto, el Espíritu Santo, para que esas experiencias los impulsaran al testimonio… Ello es una muestra de que también nosotros necesitamos esa ayuda de parte de Dios para zafar de la trampa del diablo que nos hace ver todo negro.
Por ello es necesario que permanezcamos en la vida de la gracia… Que vayamos a Misa no una vez al mes, sino todos los domingos y si es posible todos los días; es necesario que leamos todos los días la Palabra de Dios, le dediquemos tiempo a la oración, al sacramento de la reconciliación… Ese es el modo en que el Espíritu Santo estará actuando siempre en nosotros recordándonos lo que Dios hizo por amor a cada uno de los seres humanos. Entonces seremos testigos de la resurrección; viviremos ya como resucitados: alegres triunfando sobre los males que nos acechan; y no como derrotados…
Que María santísima, modelo de creyente, que por ser fuerte en una fe viva estuvo de pie aún frente a la Cruz de su Hijo y por eso puede participar del gozo de la resurrección, interceda por cada uno de nosotros consiguiéndonos fortaleza en la fe”.
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