MENSAJE PASTORAL CON OCASIÓN DE LA CUARESMA 2014

7 mar. 2014

Santa Sylvina: 07:03:2014│El presbítero de la Parroquia San Antonio de Padua de la localidad de Santa Sylvina, al inicio de la cuaresma 2014  a través de una carta Pastoral se dirigió a los feligreses de esa localidad. 
"Crea en mí, Dios mío, un corazón puro" (Sal 50, 12).


Queridos hermanos:

La Cuaresma nos invita a darnos un «baño espiritual». ¡Cuánto bien nos hace a todos una ducha al fin del día! Solemos decir que 'quedamos renovados', 'nuevos'. También nuestro corazón necesita renovarse continuamente. Sin esta renovación permanente se apaga «el deseo de Dios». Entonces se da lugar a que prevalezca el «hombre viejo» (1) que nos trae tristeza, vacío, sin sentido, soledad y toda clase de vicio para intentar 'suplir' el deseo de Dios, innato en el corazón humano. El tiempo cuaresmal es un "gran lago" que nos llama a entrar a zambullirnos en las aguas del Salvador (cf. Jn 4, 10. 14; 7, 37; 19, 34; Zac 14, 8; Ap 7, 17; 22, 17).

Dios puede crear un corazón nuevo
Solo Dios crea. El verbo "crear" (en hebreo "bara") tiene siempre a Dios por sujeto. Enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: "Creemos que Dios no necesita nada preexistente ni ninguna ayuda para crear" (Nº 296). Y más adelante: "Realizada la creación, Dios no abandona su criatura a ella misma. No sólo le da el ser y el existir, sino que la mantiene a cada instante en el ser, le da el obrar y la lleva a su término. Reconocer esta dependencia completa con respecto al Creador es fuente de sabiduría y de libertad, de gozo y de confianza (Nº 301). ¡Qué hermoso! ¡Dios no nos abandona nunca! Por eso, Él puede crear en nosotros un corazón nuevo. Nuestro corazón tiene necesidad de recrearse continuamente para no envejecer. Pero no se recrea sin Dios. El Catecismo enseña que la creación no salió totalmente acabada de las manos del Creador, sino in statu viae, en estado de vía, hacia una perfección última (cf. Nº 302). Eso significa que siempre estamos en camino hacia la perfección. Y eso es bueno. Pero no nos quedemos a mitad de camino. Si nos detenemos nos volvemos mezquinos y el egoísmo se apodera de nosotros. Siempre podemos volver a empezar. La Cuaresma es el tiempo más idóneo para volver a empezar. Por eso el salmista exclama: Tu amor es eterno, Señor, ¡no abandones la obra de tus manos! (Sal 137, 8).
            En la Biblia el verbo "crear" es aplicado solamente a Dios, por ejemplo, en la creación del mundo (cf. Gn 1, 1); la formación del pueblo de Israel (Is 43, 15); la restauración del pueblo después del regreso del exilio (Is 45, 8) y la creación del cielo nuevo y de la tierra nueva (Is 65, 17). Pero llamativamente el salmo 50 –conocido con el nombre de miserere-, dice: Crea en mí, Dios mío, un corazón nuevo (v. 12). Sí, cuando Dios nos sana el corazón con su perdón y con su misericordia, «nos vuelve a crear». ¡Dios no nos deja a la deriva! Así, recreándonos sin cesar, lleva a su plenitud en nosotros la obra de sus manos.

La reconciliación con Dios y con el hermano
            Sólo Dios es capaz de darnos un corazón nuevo. Sin Él, nuestro corazón se puede volver de piedra: Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne (Ez 36, 26).
            En la Biblia se menciona 873 veces la palabra corazón. Designa la morada donde yo estoy, o donde yo habito. Es nuestro centro escondido. Es el lugar de la decisión. Es el lugar de la verdad, allí donde elegimos entre la vida y la muerte. Es el lugar del encuentro. Es el lugar de la Alianza (2).
            El corazón se renueva en el amor. Dios es Amor (1 Jn 4, 8). Por lo tanto, en el «encuentro con Dios» se renueva nuestro corazón. Sin embargo, como el pecado nos distancia de Dios y del prójimo provocando el «desencuentro con el hermano», el camino para volver a Él es el del arrepentimiento sincero. Cuando el arrepentimiento es auténtico terminamos siempre en dos lugares: en el confesionario (pedimos perdón al Señor), y ante el prójimo (pedimos perdón al hermano). Sin este recorrido permanente nos convertimos pronto en el hombre viejo que anda con un corazón envejecido. ¡No hay mayor tragedia que un corazón envejecido! En cambio, el perdón –nítida expresión del amor- nos recrea. ¡No hay mayor buenaventura que un corazón renovado!
Vayamos a la fuente de la renovación interior
            Invito a todos a ir periódicamente al confesionario: ahí está la «piscina del agua regenerativa» y la «medicina del alma». La frecuencia al confesionario hace que tengamos un «corazón blando» con nuestros hermanos. Quien poco se confiesa está siempre inclinado a ser duro con sus semejantes. El confesionario –lugar donde nos espera el Padre misericordioso- es una escuela del más rico humanismo: sólo ante Dios el hombre se hace más hombre.

El Corazón de Cristo: lugar de la cita
            En la cruz, Jesús se dejó traspasar el corazón de donde brotó sangre y agua (cf. Jn 19, 34). La herida abierta aquél viernes santo no quedó cerrada por la resurrección; por eso Jesús resucitado le dice a Tomás: Acerca tu mano: métela en mi costado (Jn 20, 27a). Sí, la puerta de su costado sigue abierta para que vos y yo ingresemos con confianza dentro de su corazón. Hay lugar para todos. ¡Que nadie queda afuera! ¡Que nadie se prive de tanto amor! De su costado abierto sigue brotando la vida y fluye sin parar su divina misericordia. Metiéndonos en su Corazón se sana y se ablanda el nuestro, pues sus heridas nos han curado (Is 53, 5b).
            La Cuaresma quiere llevarnos al interior del Corazón de Jesús. ¡Dejémonos llevar sin resistencia! De esta manera, viviremos con mayor profundidad el misterio de la Pascua. Quien no hace la experiencia siempre nueva de entrar mar adentro del corazón de Jesús no puede entender ni contemplar con asombro la significación de la Resurrección. Solo quien pasa por el corazón de Jesús puede ver ya la luz de la Pascua. El suyo es un «corazón pascual», siempre desbordante de amor. También nosotros, renovados en Él, estamos invitados a tener un corazón pascual, que se renueva y se refresca permanentemente en el amor. Este es el corazón del «hombre nuevo».
            Que la Virgen, nueva Eva, que guardaba las cosas en su corazón (cf. Lc 2, 19. 51b), nos recueste sobre su sagrado pecho para encontrar en ella amparo y consuelo. Que ella, Madre de la Vida, que realizó el Vía Crucis viviente con su Hijo y que fue la primera en contemplarlo radiante de gloria en la Resurrección, nos ayude a vivir con alegría este tiempo de gracia.

Con mi bendición.

Dado en sede de esta Parroquia "San Antonio de Padua" de Santa Sylvina, Chaco, a los 27 días del mes de febrero del año del Señor 2014.



            Pbro. Gustavo Yatuzis
                     Cura Párroco 







CITAS 
1.       En la teología paulina en varias ocasiones se habla de la transformación interior del creyente en Cristo como resultado del encuentro con la persona del Salvador. Menciono algunos textos. Ustedes se despojaron del hombre viejo y de sus obras, aquel que avanza hacia el conocimiento perfecto, renovándose constantemente según la imagen de su Creador (Col 3, 9b-10). De él, (Jesús) aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo por la seducción de la concupiscencia, para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad (Ef 4, 22-24). El Apóstol llama también "hombre espiritual" (cf. 1 Cor 2, 15), "hombre interior" (cf. Ef 3, 17), "hombre celestial" (cf. 1 Cor 15, 49), al «hombre nuevo» (cf. Ef 4, 24; Col 3, 10). El resultado del encuentro con Cristo es una «nueva creatura»: El que vive en Cristo es una nueva creatura: lo antiguo ha desaparecido, un ser nuevo se ha hecho presente (2 Cor 5, 17).
2.       Catecismo de la Iglesia Católica Nº 2563.