2º - DOMINGO CUARESMA 2013

23 feb. 2013

                                          Homilía del Padre Carlos Alberto Merlo Masino 
2º - DOMINGO CUARESMA 2013

A este 2º domingo de cuaresma bien podríamos llamarlo el domingo de las epifanías, o sea el de
las manifestaciones gloriosas de Dios dentro de la historia humana. En la 1º lectura vemos del modo en que Dios confirma la alianza hecha con Abraham haciendo descender fuego del cielo, Dios se compromete con el hombre. Mientras en el Evangelio, al contemplar la luminosa transfiguración de nuestro Señor Jesucristo, vemos que es el mismo Dios hecho hombre el que se manifiesta, los cielos se rasgan y se muestra el final de esa alianza que fue hecha con Abraham, la divinización del hombre.

Y bien podríamos hablar de una tercera epifanía que se ha de dar en el hombre, que es la transformación de
nuestros cuerpos mortales en cuerpos gloriosos, semejantes al de Cristo  resucitado. Ése es nuestro destino final.

La cuaresma es análoga a los cuarenta años que el pueblo de Israel caminó en el desierto en búsqueda de la
Tierra Prometida, en ese camino ellos sufrieron muchas tentaciones, y si no hubiera sido por una figura de mano firme como lo fue Moisés no hubieran llegado a su destino.
También nosotros caminamos por el desierto, caminamos hacia “la tierra sin males”, como la llamaban los guaraníes; y sufrimos luchas contra los mismos enemigos que lucharon los israelitas en el desierto, o los filipenses a quienes San Pablo destina la epístola que acabamos de proclamar. A los cuales, también con mano segura, les dice: “Porque muchos viven según os dije tantas veces, y ahora os lo repito con lágrimas, como enemigos de la cruz de Cristo, cuyo final es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y cuya gloria está en su vergüenza, que no piensan más que en las cosas de la tierra. Pero nosotros somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador al Señor Jesucristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo, en virtud del poder que tiene de someter a sí todas las cosas”.
De ésta liturgia en la que, con meridiana claridad, se nos ha permitido contemplar la fidelidad de Dios para con la humanidad; la cual llevada hasta las últimas consecuencias implicala Encarnación del Verbo eterno en el seno de María Santísima, su misión entre nosotros, pasión, muerte y resurrección; para que nosotros participemos de esa gloria que se nos manifiesta en la Transfiguración del Señor, por un momento
consideremos en nuestro interior ¿Qué nos diría San Pablo si viniera a Coronel Du Graty? ¿Qué me reprocharía? ¿Cómo estoy viviendo? ¿En qué estoy viviendo como enemigo de la Cruz? ¿a qué dioses estamos rindiendo adoración? 

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