día 7 Misión digital de la Divina Misericordia

25 oct. 2011

Misión digital de la Divina Misericordia – Octubre 2011
Parroquia “San Antonio de Padua” – Santa Sylvina, Chaco
7 día
Dice la Palabra de Dios: “Cuando Israel era niño, Yo lo amé... ¡Y Yo había enseñado a caminar a Efraím, los tomaba por los brazos...! Yo los atraía con lazos humanos, con ataduras de amor; era para ellos como los que alzan a una criatura contra sus mejillas, me inclinaba hacia él y le daba de comer...” (Oseas 11, 1. 3-4).
Dijo el Señor Jesús a Santa Faustina: “Mira Mi Corazón misericordioso... Me queman las llamas de la misericordia, las quiero derramar sobre las almas, y las almas no quieren creer en Mi bondad” (Diario 177). “Deseo que conozcas más profundamente el amor que arde en Mi Corazón por las almas y tú comprenderás esto cuando medites Mi Pasión. Apela a Mi misericordia para los pecadores, deseo su salvación” (Diario 186). “Mira hacia el abismo de Mi misericordia y rinde honor y gloria a esta misericordia Mía, y hazlo de este modo: Reúne a todos los pecadores del mundo entero y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Deseo darme a las almas, deseo las almas...” (Diario 206). 
Oración de Santa Faustina para alcanzar la gracia de ejercitar
Misericordia hacia el Prójimo
Deseo transformarme en tu misericordia y ser un vivo reflejo de ti, oh Señor. Que este más grande atributo de Dios, es decir su insondable misericordia, pase a través de mi corazón y mi alma al prójimo.
Ayúdame, Señor, a que mis ojos sean misericordiosos para que yo jamás sospeche o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle. 
Ayúdame, Señor, a que mis oídos sean misericordiosos para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos. 
Ayúdame, Señor, a que mi lengua sea misericordiosa para que jamás critique a mi prójimo sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos. 
Ayúdame Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y penosas. 
Ayúdame Señor, a que mis pies sean misericordiosos para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo. 
Ayúdame, Señor, a que mi corazón sea misericordioso para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincera incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Y yo misma me encerraré en el misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu misericordia, oh Señor, repose dentro de mí. 
Jesús mío, transfórmame en ti porque tú lo puedes todo (D. 163).