Día 11 -Misión digital de la Divina Misericordia

29 oct. 2011

Misión digital de la Divina Misericordia – Octubre 2011
Parroquia “San Antonio de Padua” – Santa Sylvina, Chaco
11° día
Dice la Palabra de Dios: “Los Once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado. Al verlo, se postraron delante de Él; sin embargo, algunos todavía dudaron. Acercándose, Jesús les dijo: «Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que Yo les he mandado. Y Yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo»” (Mt 28, 16-20).

Dijo el Señor Jesús a Santa Faustina: “Prometo especialmente a ti y a todos los que proclamen esta gran misericordia Mía que Yo mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mí Pasión. Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno” (D. 378).
“Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia.
Mi Corazón sufre a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es Mi misericordia; en su relación en cierto modo hay desconfianza. Oh, cuánto esto hiere Mi Corazón. Recuerden Mi Pasión y si no creen en Mis palabras, crean al menos en Mis llagas” (D. 379).

Oración de Santa Faustina
Oh Creador y Señor mío, aquí tienes todo mi ser. Dispón de mí según Tu divina complacencia y según  Tus designios eternos y Tu misericordia insondable. Que cada alma conozca cuán bueno es el Señor; que ninguna alma tenga miedo de tratar con el Señor, y que no se excuse de ser indigna y que nunca aplace para después las invitaciones de Dios, ya que esto no agrada a Dios. Oh eternidad, me parece que eres demasiado corta para glorificar la infinita misericordia del Señor. Amén.